febrero 08, 2012

(Y sin embargo, orgullo de las lealtades, moralidades y ese fondo bueno de los chicos del Extremo Sur-lástima no saber reorientarlo todo mejor)

A veces voy con mis alumnos al Bronx. Es una vista pedagógica: se supone que allí, ante los yonkis feroces, visualizan lo que les puede pasar si se acercan a las drogas.

El pasado sábado tocó llevar un grupo de seis. Entre ellos venía Natael, uno de mis casos especiales por su indisciplina y violencia. Me preocupaba que se metiera en problemas y pensé en cómo conseguir que se estuviera juicioso. Descartada la coacción o la súplica –que no encendería más que su rebelión- opté por decirle que estaba preocupado, qué íbamos con chicas, que si algún drogadicto las molestara necesitaba saber si podía contar con él. Esa conversación de hombre a hombre funcionó, y Natael se cuadró y arropó vigilante y sereno a sus compañeras.

Cuando todavía bajábamos por el Parque del Tercer Milenio, sucedió algo que no estaba en mis autocomplacidos planes. Un viejo apestoso sin dientes se acercó a pedirle un beso a Jessica. En un nano segundo Natael le había tumbado y le estrangulaba sin titubear.

Cuando la infortunada cabeza ya parecía a punto de explotar, Natael se dirigió a mí.

-¿Lo mato, profe?

-No…no…puedes aflojar- murmuré.

Natael se incorporó y el viejo se retorció liberado tratando de restablecer su aliento.

Nos fuimos rápido de la zona. Me pareció más prudente llevarles al Museo Nacional.

5 comentarios:

L.C. dijo...

Querido Mircea:
¿Qué edad tienen Natael y Jessica?
Besos

Sico Pérez dijo...

Jajajaja Ay, viejo, tus historias me hacen reír pero es como un reflejo, una especie de caparazón!!!

Mircea Barbu dijo...

Jessica unos quince y Natael trece.

Malvada Marisol dijo...

Corté y pegué. Abrazos.

Anónimo dijo...

Se me ocurre con la vision de la edad, que Natael y el vijo son la misma persona en su momento de gloria y en una de sus derrotas finales.Cuando tienes algo que ofrecer y fuerza, y cuando mendigas un nano instante de juventud,no se que puede enseñar mejor que esto un Museo Nacional, salvo quiza un orgullo de vencedores que nos ayude a soportar la vida, igual de prefabricado que una victoria futbolera pero mas sangriento.